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Una yerba santa… y rentable Imprimir E-Mail Bookmark and Share
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Jueves, 03 de Diciembre de 2009

Una yerba santa… y rentable
Con recursos financieros que se prestan a una tasa de interés competitiva, e institutos de investigación como el Von Humboldt y el Sinchi, el Biocomercio se proyecta como uno de los subsectores con mayor potencial dentro de la industria farmacéutica. “Traigo yerba santa, pa' la garganta, traigo keisimon, pa' la hinchazón, traigo abrecaminos, pa' tu destino, traigo la ruda, pa' el que estornuda”: así pregonaba Celia Cruz las bondades curativas de las yerbas, pero sus nombres aún suenan extraños, con un sabor a hechicería.

Sin embargo, pocos colombianos saben que en nuestra selva amazónica hay identificadas 1.159 especies nativas con propiedades curativas, alimenticias y de uso cosmético, entre las que se cuentan plantas, árboles y frutos.

Pero esa información sí la tienen centros de investigación como el Instituto Alexánder Von Humboldt y el Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas, Sinchi, que abrazan la idea de que todo ese conocimiento pueda ser empleado, en el futuro, como uno de los grandes potenciales colombianos en materia de generación de industrias farmacéuticas. Pero para crear futuro hay que construirlo desde el presente. El ‘biocomercio’, nombre con el que se le conoce a esta actividad, está contemplado dentro de los planes de competitividad del Ejecutivo, pero ha sido visto siempre como un potencial que se puede desarrollar más adelante.

A ritmo de tortuga

Países como Perú y Brasil, que también gozan de la selva amazónica de la que Colombia es propietaria en cierta parte, ya están adelantados en esta materia. Ellos decidieron lanzarse a trabajar desde ya en la explotación responsable de los frutos de la selva.

Así, el país carioca cuenta con empresas que hacen productos para el cuidado de la salud y la belleza con base en los frutos de la tierra, mientras que los incas, por su parte, le venden a países asiáticos frutos como el camu camu, una de las especies con más ácido cítrico del mundo, y que puede ser empleada en la elaboración de vitamina C, de origen natural.

En Colombia, entre tanto, se ven avances aunque a paso de tortuga. El Instituto Sinchi, por ejemplo, ‘aterrizó’ el extenso listado de plantas con propiedades farmacéuticas, que de 1.159 pasó a 140. Seis de ellas fueron clasificadas como especies de alto potencial, que podrían ser desarrolladas en el mediano plazo.

Y es que el camino por recorrer en el tema de la investigación con plantas nativas, no es fácil. No basta con el conocimiento ancestral de los chamanes, que se traslada de generación en generación, y que explica las propiedades curativas de árboles y plantas que habitan en la madre naturaleza. Cuando ya se ha identificado la especie, sigue una serie de pruebas de laboratorio en las que se debe comprobar la inocuidad de la sustancia, es decir, que no resulte tóxica para el consumo humano.

“Pero ese es sólo uno de los pasos”, dice el investigador del programa Flora, del Instituto Sinchi, Nicolás Castaño. “Viene después la tarea de convencer a los nativos de que esa es una buena idea de proyecto productivo y que sería bueno trabajar en el cultivo responsable de esa planta”, agrega. Organizar a la comunidad en torno a un negocio no es una cuestión sencilla: de hecho, no es una tarea que les competa a los institutos de investigación: su labor va hasta que se descubren las propiedades de la planta, fruta o árbol.

Las yerbas pioneras

Otro de los grandes obstáculos es la cultura de consumo de los colombianos. La producción en la selva no funciona como en un cultivo tradicional. En ese bosque húmedo tropical, las especies son estacionales en su mayoría, lo que reduce las cosechas a una o dos veces por año, cuando se trata de frutas.

Así las cosas, es probable que cuando los derivados de frutas como el chontaduro, la cocona y el arazá estén en las góndolas de las grandes superficies, como en algunos casos ya sucede, se cuente con ellos sólo en algunos meses del año. Ello implica, además, que los administradores de las grandes cadenas y los consumidores conozcan esta minucia para que se acostumbren y no echen de menos al producto.

Con respecto de las seis especies de alto potencial establecidos por el Sinchi —y que fueron encontrados en el corregimiento de Tarapacá, departamento de Amazonas—, es probable que se tengan noticias pronto. De hecho, fueron catalogadas de esa manera porque en Brasil y Perú estas plantas y frutos ya se usan como insumo para medicamentos, lo que representa un terreno abonado para avanzar en el proceso. Sin embargo, la legislación exige que la inocuidad de un producto la certifique el instituto creado para esos fines, en este caso el Invima.

Las especies son sangre de drago, una corteza de árbol que bota un líquido rojo, parecido a la sangre humana, y que es usado por los nativos como cicatrizante. Le siguen la copaiba y la andiroba, árboles de los cuales se extrae una sábila que también tiene propiedades cicatrizantes. Luego están el azaí, palma de la que se extrae aceite para cocina y el mil pesos, de la que se obtiene una bebida ‘energizante’. Finalmente está el camu camu, que abunda en la orillas del río Putumayo.

Especies introducidas

Una de las firmas que está trabajando en biocomercio y que combina las plantas nativas con las introducidas es Farmaverde, una cooperativa de trabajo asociado de la que viven 11 personas y que es dirigida por el francés Yann-Olivier Hay, un bioquímico e ingeniero de sistemas tropicales que, después de recorrer países como África, Perú y Guatemala, vive hace ocho años en Colombia y está empeñado en que el país comprenda la importancia de la investigación en esta materia. Argumenta, por ejemplo, que China tiene identificadas más de 12.000 especies nativas con propiedades curativas.

En Colombia, por el contrario, sólo un bajo porcentaje de las especies propias están registradas. La mayoría son introducidas, como la manzanilla, el tomillo, el aloe vera, el romero y la caléndula. Sin embargo, este laboratorio se está ‘dando la pela’ para desarrollar productos a base de cola de caballo y el pronto alivio.

Lo mismo hace uno de los laboratorios con mayor tradición en esta materia como Labfarve. El director de Biocomercio de esa organización, Gustavo Urrea, sostiene que, en los años recientes, se han mejorado las condiciones para la investigación en Colombia, lo mismo que la inclusión de nuevas ‘especies de la casa’ en las listas del Invima, pues antes se tenía cierta resistencia en este sentido, según dice.

Una de las entidades que se ha dedicado a apoyar con recursos financieros esta clase de iniciativas es el Fondo de Biocomercio. Esta organización desembolsa créditos para las empresas que realizan este tipo de investigación y desarrollan productos a base de plantas nativas e introducidas. Los préstamos oscilan en promedio entre $ 10 millones y $ 200 millones, de acuerdo con el tamaño de la empresa que lo solicite. La tasa de interés es del DTF más ocho puntos. De esta manera, con recursos para investigar y con institutos que ayudan en esa labor, el biocomercio se proyecta como una de las actividades más prometedoras de la industria farmacéutica. Toda una yerba santa.

Comentarios
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Herney Ospina Angel  - homeopata   |IP:190.99.206.xxx |2009-12-29 10:13:44
muchas gracias por todas las bondades que le inyectan ala investigacion en todos
los aspectos el conocimiento ancestral es importante la elaboracion y elcomercio
tambien.Me gustaria mostrarles mi trabajo FERTILIZACION BIO PLANTAS ,ANIMALES
LIBRE DE QUIMICOS PARA PRODUCCION AGRICOLA SOSTENIBLE Gracias
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